Los científicos que excavan las ruinas de Pompeya han descubierto una obra de construcción que quedó inconclusa por la erupción del volcán Vesubio, lo que aclara los ingredientes y métodos del hormigón autorreparable y duradero que los antiguos romanos utilizaron para revolucionar la arquitectura.
El yacimiento representa un proyecto de construcción que estaba en marcha cuando la erupción sepultó Pompeya bajo cenizas volcánicas y rocas. Los investigadores se toparon con salas en las que las paredes estaban inacabadas y en las que había montones de material seco premezclado y herramientas para pesar y medir para preparar el hormigón.
«Al estudiarlo me sentí realmente como si hubiera viajado en el tiempo y estuviera al lado de los trabajadores mientras mezclaban y colocaban el hormigón», afirma Admir Masic, profesor de ingeniería civil y medioambiental del Instituto Tecnológico de Massachusetts y responsable del estudio publicado el martes en la revista Nature Communications.

El hormigón, material de construcción indispensable, ayudó a los romanos a levantar estadios como el Coliseo, templos con cúpulas como el Panteón, baños públicos y otros grandes edificios, acueductos y puentes sin parangón en la historia. Como el hormigón podía endurecerse bajo el agua, también era vital para construir puertos y rompeolas.
El método exacto que utilizaban para fabricar el hormigón ha sido objeto de debate, ya que recientes descubrimientos arqueológicos parecen contradecir las descripciones que figuran en un tratado del siglo I a.C. del arquitecto e ingeniero romano Vitruvio.
El descubrimiento de Pompeya demostró que los romanos utilizaban una técnica llamada «mezcla en caliente», en la que un material llamado cal viva -caliza seca previamente calentada- se combina directamente con agua y una mezcla de roca volcánica y ceniza, produciendo una reacción química que calienta la mezcla de forma natural. Esto difiere del método descrito por Vitruvio, que escribió aproximadamente un siglo antes.
