Los gobiernos de España y Nicaragua recrudecieron la crisis diplomática en la que están inmersos desde hace varios años, a raíz de la expulsión y persecución masiva de ciudadanos críticos con su forma de ejercer el poder por parte del gobierno de Daniel Ortega. En esta nueva escalada, ambos países decidieron expulsar de su territorio al embajador -el máximo representante diplomático- y a otros miembros de las delegaciones.
El origen de esta nueva crisis fue el pasado sábado, cuando el gobierno nicaragüense ordenó la expulsión del país de siete ciudadanos españoles, entre ellos el embajador Sergio Farré Salvá, y de su número dos, Miguel Mahiques Núñez, además de cinco ciudadanos españoles más que realizaban tareas de cooperación fueron detenidos y expulsados.

En respuesta a este gesto, el gobierno español, a través del ministerio de Asuntos Exteriores, actuó “en estricta reciprocidad” y ordenó la expulsión inmediata del embajador nicaragüense, Mauricio Carlo Gelli, y de su número dos en la representación diplomática. En el comunicado, el gobierno español advierte que “seguirá trabajando por tener las mejores relaciones con el pueblo hermano de Nicaragua”.
