Ante el aumento global en los precios del petróleo por el conflicto en Medio Oriente, China decidió intervenir para evitar un impacto mayor en su economía.
El gobierno ajustó los precios máximos de gasolina y diésel, pero limitó el incremento a cerca de la mitad de lo que normalmente se aplicaría, con el objetivo de proteger a consumidores y sectores productivos.
La medida responde al encarecimiento del crudo, que ha llevado los precios internacionales a niveles similares a los registrados tras la invasión de Rusia a Ucrania en 2022.
Aunque los precios sí subieron, el control busca evitar efectos en cadena como el aumento en transporte, alimentos y servicios, algo que también podría impactar indirectamente a economías como la mexicana.
