El ferrocarril tiene un peso histórico para México. “Representa el pasado revolucionario y la migración del campo a las ciudades. Es el recuerdo de una época en la que el país se medía en rieles y durmientes”, dijo Zarco, ex líder sindical de los trabajadores del sector y director fundador del Museo de los Ferrocarrileros, durante un recorrido al recinto, que el primero de mayo cumplirá 20 años.
Ese edificio es el guardián de la memoria de esa época. Ubicado en las cercanías de la Basílica de Guadalupe, es un punto fundamental para los vecinos de la zona, que consideran a este centro cultural símbolo de identidad local.
En su vigésimo aniversario, el museo será renovado, a eso se han comprometido las autoridades de la alcaldía Gustavo A. Madero, así como representantes de dependencias del Gobierno de la Ciudad de México.
Zarco ha dedicado más de 60 años de su vida a estos “gigantes de acero”. Permaneció preso en Lecumberri durante tres años por su participación en las protestas estudiantiles de 1968. Ahí convivió de cerca con otra figura histórica de la resistencia obrera: Demetrio Vallejo.
